Hace poco terminé de leer un libro que me llegó muy profundo, La Escuela de Belleza de Kabul. La autora, de forma muy especial y fácil de leer, nos relata su experiencia al instalar una academia de belleza en Kabul, Afganistán y todas las dificultades que tuvo que sortear para lograr su sueño.
Lo que más impacta del libro es conocer las historias detrás de cada una de las alumnas y profesoras, mujeres condenadas por el simple hecho de serlo, en una sociedad donde nacer mujer es una maldición, donde no se tiene derecho a amar, a educarse y prosperar, a ser feliz. Niñas que son prácticamente vendidas al mejor postor (no veo de qué otra forma se pueda considerar la dote que el futuro marido debe pagar a la familia), sin importar que el negociante le lleve decenas de años, esté casado previamente o la convierta en blanco de su ira, golpeándola hasta casi matarla.
La femineidad se oculta detràs del burka como algo pecaminoso, como algo de lo que hay que avergonzarse y el ser bella, más que un atributo, es un estigma.
Muchas situaciones han cambiado en el mundo, pero en el Oriente, nuestras compañeras de gènero siguen esperando que sus padres o esposos no le nieguen el derecho primario del ser humano, la libertad.
Les invito, mujeres, a sumergirse en ese mundo del que poco conocemos para que sepamos valorar lo alcanzado y a nuestros compañeros hombres para que vean en su justa dimensión los aportes que sus compañeras de vida, hijas, amigas o conocidas hacen a sus realidades.
Lo que más impacta del libro es conocer las historias detrás de cada una de las alumnas y profesoras, mujeres condenadas por el simple hecho de serlo, en una sociedad donde nacer mujer es una maldición, donde no se tiene derecho a amar, a educarse y prosperar, a ser feliz. Niñas que son prácticamente vendidas al mejor postor (no veo de qué otra forma se pueda considerar la dote que el futuro marido debe pagar a la familia), sin importar que el negociante le lleve decenas de años, esté casado previamente o la convierta en blanco de su ira, golpeándola hasta casi matarla.
La femineidad se oculta detràs del burka como algo pecaminoso, como algo de lo que hay que avergonzarse y el ser bella, más que un atributo, es un estigma.
Muchas situaciones han cambiado en el mundo, pero en el Oriente, nuestras compañeras de gènero siguen esperando que sus padres o esposos no le nieguen el derecho primario del ser humano, la libertad.
Les invito, mujeres, a sumergirse en ese mundo del que poco conocemos para que sepamos valorar lo alcanzado y a nuestros compañeros hombres para que vean en su justa dimensión los aportes que sus compañeras de vida, hijas, amigas o conocidas hacen a sus realidades.


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