
En el día de ayer leí, no recuerdo en qué periódico, sobre una señora española nonagenaria que se había hecho famosa al escribir un blog, María Amelia López Soliño era su nombre.
Hoy que estaba navegando y tenía un poco de tiempo, busqué el blog y quedé gratamente sorprendida. Su nieto le hizo el regalo del blog al cumplir los 95 años. Este regalo le abrió una ventana al mundo, a conocer nuevos amigos y tener nuevas experiencias que, según sus propias palabras, me quitaron 20 años de encima. Ella hablaba y las entradas las iban publicando, a veces de forma escrita y a veces, en forma de audio.
La señora fue entrevistada por periodistas de diversos países, su historia recorrió el mundo, conoció grandes figuras. Lamentablemente falleció el pasado 20 de mayo, dejando un legado en el ciberespacio de sencillez, humildad, pero sobre todo de la sabiduría que solo dan los años vividos. Así como también la esperanza para decenas de personas de la tercera edad que se motivaron e iniciaron su propio espacio en la web.
Y aquí surje la pregunta, es la juventud un estado físico o mental? La señora María Amelia quien a sus 95 años se dió la oportunidad de conocer y disfrutar de un medio que ni en sus más alocados sueños de niña imaginaría. Que tuvo acceso gracias a ello, a conocer el mundo, el pensar de tantas personas diferentes y a experiencias que no viven el común de los seres humanos. La abuela bloguera era mucho más joven que el veinteañero que se olvidó de sonreír porque no pudo comprar el super carro que deseaba o la jovencita que vive amargada porque no puede comprar la ropa de diseñador que desea o el ejecutivo que sueña con ver su nombre en entrevistas de revistas importantes, pero no hace ninguna contribución al mundo para merecerlas.
Tratemos de ser tan jóvenes como los niños que no se cansan de preguntar y de aprender, que no tienen miedo de vivir nuevas experiencias, de tomar el caminito que está entre los pinares, simplemente para ver donde los lleva y de jugar con lodo o bañarse en la lluvia sin temor a las bacterias y los virus. Las preocupaciones y las responsabilidades arrugan nuestra alma y poco a poco, también nuestro semblante. No les demos la oportunidad. Cantemos, bailemos y de vez en cuando no racionalicemos tanto.
Y si quieren leer y conocer un poco más de María Amelia, una joven que vivió 98 años pueden accesar el siguiente enlace http://amis95.blogspot.com. Les prometo que no se arrepentirán.
Hoy que estaba navegando y tenía un poco de tiempo, busqué el blog y quedé gratamente sorprendida. Su nieto le hizo el regalo del blog al cumplir los 95 años. Este regalo le abrió una ventana al mundo, a conocer nuevos amigos y tener nuevas experiencias que, según sus propias palabras, me quitaron 20 años de encima. Ella hablaba y las entradas las iban publicando, a veces de forma escrita y a veces, en forma de audio.
La señora fue entrevistada por periodistas de diversos países, su historia recorrió el mundo, conoció grandes figuras. Lamentablemente falleció el pasado 20 de mayo, dejando un legado en el ciberespacio de sencillez, humildad, pero sobre todo de la sabiduría que solo dan los años vividos. Así como también la esperanza para decenas de personas de la tercera edad que se motivaron e iniciaron su propio espacio en la web.
Y aquí surje la pregunta, es la juventud un estado físico o mental? La señora María Amelia quien a sus 95 años se dió la oportunidad de conocer y disfrutar de un medio que ni en sus más alocados sueños de niña imaginaría. Que tuvo acceso gracias a ello, a conocer el mundo, el pensar de tantas personas diferentes y a experiencias que no viven el común de los seres humanos. La abuela bloguera era mucho más joven que el veinteañero que se olvidó de sonreír porque no pudo comprar el super carro que deseaba o la jovencita que vive amargada porque no puede comprar la ropa de diseñador que desea o el ejecutivo que sueña con ver su nombre en entrevistas de revistas importantes, pero no hace ninguna contribución al mundo para merecerlas.
Tratemos de ser tan jóvenes como los niños que no se cansan de preguntar y de aprender, que no tienen miedo de vivir nuevas experiencias, de tomar el caminito que está entre los pinares, simplemente para ver donde los lleva y de jugar con lodo o bañarse en la lluvia sin temor a las bacterias y los virus. Las preocupaciones y las responsabilidades arrugan nuestra alma y poco a poco, también nuestro semblante. No les demos la oportunidad. Cantemos, bailemos y de vez en cuando no racionalicemos tanto.
Y si quieren leer y conocer un poco más de María Amelia, una joven que vivió 98 años pueden accesar el siguiente enlace http://amis95.blogspot.com. Les prometo que no se arrepentirán.


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